Esta iglesia fue edificada en 1767 por voluntad, iniciativa y financiamiento del Corregidor Luis Manuel de Zañartu, quien escribió una misiva al Rey Carlos III solicitando su construcción. El gran desborde del río ocurrido en 1783 inundó sus dependencias y causó estragos en sus religiosas. Nace aquí la literatura femenina en Chile, a manos de Sor Tadea García de la Huerta quien, en un extenso romance, relata los desventurados acontecimientos vividos por las hermanas del convento. Tras el terremoto de 1822 el inmueble original fue destruido y reedificado hacia 1870 por Fermín Vivaceta, quien agregó en la torre la icónica imagen del Arcángel Rafael que hoy la corona.
Es probablemente la edificación más emblemática de la Cañadilla – Independencia desde su fundación, hasta nuestros días. Su iglesia y patios fueron declarados Monumento Histórico Nacional el 24 de noviembre de 1983 por decreto Nº 1412
La Iglesia y Monasterio del Carmen Bajo de San Rafael, comenzó a erigirse en 1767 por orden del Corregidor Zañartu en terrenos que pertenecían a su propio peculio. Hacia 1760 emitió una solicitud al Rey para fundar una iglesia, con el objetivo principal de encerrar allí a sus dos hijas: Teresa de Jesús Rafaela y María de los Dolores. En medio de grandes chacras y próxima de los otros conventos de calle Recoleta, el imponente templo fue inaugurado en 1770, proyectado por Marcelino de la Peña y Juan Solís. Su altar dorado y sus tres campanas constituían una arquitectura única y moderna para un Santiago de no más de 20.000 habitantes (Pereira Salas, 1965, p. 140).
El año 1783 ocurrió uno de los desbordes más asoladores del río, hecho conocido como la “Avenida Grande del Mapocho”. Su caudal “derribó todos los costosos tajamares de cal y canto; corrió por la ciudad, Cañada, Cañadilla y haciendas de campo, postró edificios, inundó todo el monasterio de Carmen Bajo, derribando un ángulo, obligó a las religiosas a que, rompiendo una pared, se saliesen bien mojadas por un agujero” (Pérez García, 1900, p. 412).
Por todos los senderos de La Chimba penetró el caudal del río, inundando chacras y ranchos. Las monjas de San Rafael quedaron completamente aisladas y 26 de ellas fueron salvadas y hospedadas en la Recoleta Domínica. Aquella fatídica jornada fue plasmada por Sor Tadea García de San Joaquín, en su “Relación de la inundación que hizo el río Mapocho de la ciudad de Santiago de Chile en el Monasterio de Carmelitas”, momento en que germinaba la poesía chilena femenina. Escrita en 1783 y publicada en Santiago 1862, relató los trágicos avatares de la inundación, así como la muerte de la criada del convento. Un fragmento del texto narra:
“(…) A la una y media del día,
con más que casual intento,
subieron dos a la torre,
y al correr la vista, es cierto,
que cubrió sus corazones
mortal desfallecimiento,
viendo que el Río arrancaba,
los Tajamares de asiento,
y con ímpetu batía
sin defensa en el Convento (…)”.
Tras la calamidad, la iglesia construida originalmente de adobe, fue reconstruida de cal y ladrillo. Durante el último siglo colonial, monjas y criadas del “Carmen Bajo”, fueron célebres en la creación de miniaturas de flores en cerámica y otras figuras creadas en plata. El terremoto de 1822, la inundación de 1827 y el sismo de 1850 volvieron a destruir el templo y fue Fermín Vivaceta quien estuvo a cargo de su reedificación hacia 1870.
Funcionó como monasterio hasta 1958, año en que las carmelitas se trasladaron a un convento en la comuna de La Reina. Hoy es administrada por la Vicaría Episcopal de la Zona Norte del Arzobispado de Santiago.
En el Carmen Bajo se cultivó un prolijo arte conventual y nació nada menos que la escritura producida por mujeres en Chile. Este templo se estatuye como uno de los inmuebles más antiguos de la ciudad, testigo de un pasado colonial genuino y del desarrollo de un barrio que creció a su alero.
Bibliografía para profundizar
Tarjeta postal. Colección Carlos Cornejo, Archivo Fotográfico Biblioteca Nacional.
Tarjeta postal. Colección Carlos Cornejo, Archivo Fotográfico Biblioteca Nacional.